Renacimiento de un pueblo: los Muiscas en Colombia

En Colombia reapareció una población indígena que se creía extinta, borrada definitivamente de la historia. Se trata de los Muiscas del altiplano de Bogotá, quienes han logrado el reconocimiento de su identidad indígena. Dicho proceso es llamado re-etnización, concepto que da lugar a equívocos. Hablamos de esto con François Correa, docente de antropología a la Universidad Nacional de Bogotá y director del equipo encargado de investigar este proceso.

¿En qué consiste el proceso de re-etnicización?

Antes que todo hay que aclarar unos equívocos que este término puede crear. El concepto de re-etnización evoca la reivindicación por parte de las poblaciones indígenas de características precolombianas, que es el criterio utilizado por el Estado para reconocer los derechos relacionados con el reconocimiento de una identidad indígena. Acá va la primera confusión: sobre ellos ha recorrido una historia de más de 500 años de contactos. Consecuentemente, los indios de hoy no son los indios de ayer: han sufrido una cantidad de transformaciones resultado de un proceso de asimilaciòn pero también de resistencia en las relaciones con el otro. Hoy sociedades indígenas aisladas no pueden ser concebidas, de hecho muchas de ellas han transformado sus características socioculturales, han perdido rasgos de su economía y de su organización política prehispánica. Consecuentemente, ese concepto de reetnicización no tiene sentido. Las sociedades indígenas actuales no pretenden volver a su pasado prehispánico ni desconocen la influencia de las transformaciones históricas. En este sentido, el concepto de reetnicización es el resultado de una incomprensión histórica hacia las poblaciones indígenas. Ese concepto no da cuenta efectivamente ni de las transformaciones de la historia, ni de la conciencia que de la historia tienen estos pueblos. Esto ha sido perfectamente claro para las poblaciones indígenas de América en el momento de avanzar sus reivindicaciones.

Hoy en día hay comunidades que reivindican no solamente su pasado indígena, sino las tradiciones actuales que aparentemente los vinculan con tradiciones históricas que ellos consideran indígenas. Es para ellos que se aplica el concepto de re-etnización.

¿Cuál es la posición del Estado colombiano frente a estas reivindicaciones?

De absoluta negación, por supuesto! Para el Estado colombiano esto significa dos dificultades: la primera dificultad es reconocer derechos específicos que han sido reconocidos a otras poblaciones indígenas colombianas. El segundo, que es aún más importante, significa reconocer que su conceptualización de lo indígena es equivocada. Es finalmente una incapacidad del Estado de reconocer no solamente esas diferencias socioculturales en el país, sino las diferencias en el ejercicio de los derechos. Voy a ejemplificarlo de una manera sencilla: el derecho al territorio de poblaciones indígenas tradicionales se concretiza, regularmente, en zonas marginales, donde hay actividades tradicionales del campo. En el caso de los indígenas en la ciudad, en cambio, esto significa que el Estado debe reconocer que las actividades tradicionales de estas gentes no están distinguidas de las actividades de cualquier ciudadano. Esto categóricamente propone una dificultad de la concepción, no solamente del indígena, sino de los derechos ciudadanos. Y esto, efectivamente, todavía no ha sido resuelto.

¿Nos puedes hablar de un caso concreto?

Puedo citar un caso, el de los Muiscas del altiplano cundiboyacense que, a mi juicio, efectivamente, terminó por sentar un precedente jurídico, político y social muy importante. En un primer momento, las colectividades que se reivindican Muiscas no habían sido reconocidas como indígena. En lo que concierne la distribución de tierras y la organización política, la contienda de las poblaciones indígenas con el Estado implicaba una enorme dificultad en el reconocimiento de sus derechos. Citemos dos de estos derechos: en primer lugar la población indígena colombiana tiene derecho a autoridades de gobierno propias y luego a la jurisdicción de sus propias leyes en estos territorios. Esto señala el segundo elemento: el reconocimiento de territorios como jurisdicciones propias, elemento que ha sido absolutamente novedoso en América Latina. Lo que estoy mencionando se convierte en una dificultad cuando aparecen nuevas poblaciones que se reivindican como indígenas en el territorio nacional. Por otra parte, plantea una dificultad cuando, no solamente estas poblaciones se reivindican en territorios rurales, sino urbanos. Este es el caso de los Muiscas.

¿Cuál ha sido el trabajo desarrollado por tu equipo?

Digamos que ahí hay una dificultad: la exigencia del reconocimiento era por parte del Estado y había que atenerse justamente a las preguntas que formulaba. El Estado tiene una serie de criterios básicos para definir lo que es indígena. En primer lugar pide a los indígenas una serie de tradiciones prehispánicas. Luego pide que tengan un territorio. Estos criterios son absolutamente paradoxales, porque les pide que tengan tradiciones propias de hace 500 años, por otra parte les pide que mantengan un territorio cuando toda la historia de los pueblos indígenas es el relato del despojamiento de su territorio. Sin embargo estos son los criterios a los cuales hubo que responder.

El Estado nos encargó investigar sobre la validez y la exactitud de sus reivindicaciones. Intentamos demonstrar la existencia de tradiciones indígenas propias y distintivas de la sociedad nacional por documentos históricos y estudios etnográficos. Fue un estudio muy difícil, en condiciones de trabajo muy estrechas y en condiciones de discusión con el Ministerio del Interior muy difíciles. El Ministerio del Interior, consuetudinariamente, había negado la identidad de estas poblaciones como indígenas y el reconocimiento de ellos sienta un precedente con otras poblaciones a las cuales no se les han reconocido estos derechos amparados en el hecho de que las características particulares de su organización económica no lo permiten, cuando para mí es evidente de que esto ocurra. Yo pienso que el reconocimiento de los Muiscas senta un precedente y un referente sociocultural que se convierte en una arma política para la discusión con el Estado.

¿Cuáles son las dificultades que encontraste en desarrollar tu papel?

A parte de la aprehensión que el ministerio tenía con respecto de que estas poblaciones fueran realmente indígenas, la mayor dificultad que encontré fue con la comunidad de científicos sociales. En general la comunidad científico-social consideraba que esta gente no era y no podía ser Muisca… y ellos tenían razones para sostenerlo! Los lingüistas argumentaban de que ya no existían vínculos lingüísticos entre la gente de hoy y aquella gente prehispánica. Pero también había una enorme dificultad en la gente misma. La gente misma, a mi juicio, a pesar de la conciencia de ser indígena descreía un poco de sus propias tradiciones culturales y echaban manos de otras alternativas. Los Muiscas de Chia, particularmente, habían invitado mucha gente indígena de sociedades muy tradicionales del país para que re-actualizaran tradiciones culturales, de manera que entre los Muiscas de estos lugares se realizaban rituales que eran finalmente rituales amazónicos distintos de las tradiciones andinas. Estaban buscando de alguna forma reivindicar el vinculo que los hacía indígenas. No sabían finalmente que en las tradiciones actuales y cotidianas se encontraban sus elementos.

Lo que se hizo en este caso fue mostrar los elementos que de alguna forma vinculan muchos de sus rasgos actuales con una profunda tradición prehispánica y al mismo tiempo se mostraron las transformaciones ocurridas en la medida en que el concepto de etnia es un concepto histórico y consecuentemente fluido.

Entonces hice dos cosas: una investigación sobre los Muiscas del siglo XVI-XVII y luego sobre los Muiscas actuales. En el análisis del siglo XVI encuentro una referencia fundamental que es el símbolo de las lagunas que es el umbral entre el mundo de los vivos y el de los ancestros. Hoy en día este está también actuando, y en este momento no soy yo quién estoy haciendo el descubrimiento, sino todo lo contrario; son ellos que me cuentan como las lagunas operan como umbrales. Para ellos es obvio. Finalmente lo que yo hago es descubrir una serie de elementos que vinculan las raíces de lo que hoy se piensa con el siglo XVI-XVII.

¿Por quién estaba compuesto el equipo?

Yo trabajé con un equipo conformado por 4 antropólogas, 3 abogados y una comunicadora social. Confieso que al primer encuentro con el equipo puse crudamente la pregunta que me hizo finalmente el Ministerio del Interior, o sea la entidad contratante: “¿Para vosotros estas personas son indígenas o no? Si lo son porque sí y si no lo son porque no”. Esta era la demostración que había que hacer. Este era el contrato finalmente al cual yo me enfrentaba. Incluso de las 4 antropólogas, 3 de ellas consideraban de que esta población no podía ser demostrada como indígena. Entonces dije: “muy bien! Éste es su punto de vista, pero lo que vamos a hacer es un trabajo en el cual los datos, la información, la conversación, la participación va a producir un resultado. No nos atengamos solamente a nuestra idea, sino justamente el desarrollo del trabajo nos dirá finalmente cual es el resultado!”. En la medida en que estas personas fueron entrando a las comunidades, progresivamente iban transformando no solamente su vivencia, sino también los datos que iban siendo colectados y organizados. Esto era impresionante. Fue un trabajo muy riguroso y exigente, porque adicionalmente el Ministerio del Interior nos pedía resultados en 3 meses, con muy poco dinero a disposición (estas personas fueron pagadas casi a destajos y trabajaron bajo condiciones de enorme presión). Esto para mi fue revelador. Las personas del equipo, quienes en un primer momento tenían dudas sobre la efectiva justeza de la reivindicación de estas comunidades, terminaron por acercarse a las reivindicaciones, después de recolectar información, después de conversar con la gente, después de asistir a los pagamentos (rituales de ofrecimiento a la tierra); porque no se trató solo de recolectar informaciones estadísticas, sino también de participar en los rituales. Les involucró en la comunidad, porque la comunidad confió en el trabajo que podía resultar de allí, y les sometieron en las condiciones en que cualquier persona debe participar dentro de su comunidad.

¿Cuál era la relación entre el equipo de investigación y la comunidad?

En el momento en que entré, establecí que debía haber una relación con la comunidad que suponía dos elementos: primero era que la comunidad establecía el camino básico en el cual nuestras preguntas debían ser resueltas. El segundo era que no respondíamos solamente nosotros, sino que miembros de las comunidades participaban al proceso de construcción. Esto transformó la proyección del proyecto, y permitió adicionalmente que en tan corto tiempo fuera realizado. Lo primero que hice fue conversar con los lideres de la comunidad y explorar las posibilidades para ver como se iba a hacer. Partimos de que los resultados del trabajo, fueran positivos o negativos, iban a contribuir con la pregunta que los Muiscas sobre el desarrollo de su proyecto.

¿Cómo se coordinan y articulan las distintas comunidades que se reinvindican como Muiscas?

Nosotros contamos con la fortuna en aquel momento de que había un progresivo acuerdo entre las distintas comunidades del altiplano. Había más de 10 comunidades. Es verdad que la dinámica fundamental descansaba en ciertas de ellas, particularmente en la comunidad de Cota. Lo que me parecía más interesante era como en proyectos socioculturales, el referente sociocultural para todas estas comunidades del altiplano se convertía en un referente político de discusión con el Estado. Esto me parecía remarcable, más que la identidad cultural o indígena, es decir que otro tipo de organizaciones comunitarias que habían fracasado en Colombia en ese momento encontraban un punto de referencia para la discusión con el Estado. En consecuencia estas otras comunidades empezaron a reivindicar, a partir de su referente sociocultural una serie de derechos ciudadanos: sociales, económicos, políticos. Definitivamente avanzaban reivindicaciones sociopolìticas como pueblo. Esto era lo que realmente reivindicaban.

¿Cuáles son los elementos que permiten identificar a estos grupos como Muiscas?

El criterio que más se enfatizó, que para mi fue más importante y que más se destacó en el informe a parte que la etnicidad es un resultado histórico, es el criterio subjetivo: no solamente esa gente se reivindica a sí misma como Muisca, sino que plantea la decisiva persistencia de esa indianidad que les distingue de la sociedad nacional. Y finalmente, el tercer elemento que para mi es también fundamental es que tienen la decisión de pervivir como indígenas, o sea ellos se proponen a futuro. Por cierto los hay ingenieros, arquitectos, sin embargo participan de una serie de relaciones que se han recreado durante el proceso, generadas por la “terca” decisión de continuar siendo indígenas y que son totalmente distintas de las relaciones de los campesinos de al lado que eventualmente podían ser similares. A la base de estas relaciones encontramos un sentido comunitario que se pretende compartir: se mantiene una propiedad comunitaria, se realizan regularmente trabajos colectivos como el levantamiento del bohío, el arreglo de los caminos, se hacen rituales de pagamento. Estos elementos de solidaridad han sido de alguna forma las más poderosas transformaciones y han sido generados por una organización política propia y distinta de las formas de organización política tradicionales en el Estado colombiano. Es un tipo de ejercicio político totalmente distinto del “nuestro”: las autoridades políticas no tienen salario, trabajan para la comunidad, para organizar este sentido comunitario. Hay una serie de rasgos que puedo mencionar: todavía persisten formas de apropiación de la tierra, formas de comunicación al interior de los solares, una apropiación del territorio que está marcada por hitos religiosos, hacen rituales de pagamentos que son rituales de ofrecimiento a la tierra dentro del territorio. Todos estos elementos perviven dentro de la comunidad y tienen rasgos evidentemente prehispánicos.

¿Las formas de organización son distintas de las formas tradicionales de barrio?

Son distintas aunque haya retomado las formas comunes de organización política. Por ejemplo, un elemento que ellos regularmente insisten en precisar es que ninguno de estos campos de ejercicios comunitarios es independiente. En el caso de la política particularmente la vinculan al chamanismo. No hay diferencia entre el tipo de trabajo que hacen el uno y el otro y además está vinculado. Ellos consideran que no se puede solamente realizar el tipo de ejercicio político sin que intervengan siempre hechos religiosos que el mismo líder político debe desarrollar en el desempeño de sus tareas. El hecho de que no haya un reconocimiento pecuniario por las labores que desempeñan, hace de alguna forma que haya una pretensión de trabajar para la comunidad. Esto le da un sentido político completamente distinto de nuestro sentido más individualista y más particular.

¿Qué impacto tiene el proceso de re-etnicización para los otros grupos indígenas?

Siempre estuvieron invitados de otras organizaciones indígenas que estuvieron acompañando las discusiones, ayudando a orientar el proceso. Sin embargo, la población indígena en Colombia evidentemente no es una población homogénea y tampoco su participación dentro de la sociedad nacional e incluso al interior de ciertos grupos étnicos se encuentran diferencias y tensiones entre ellos. El reconocimiento de los Muiscas como indígenas, por supuesto plantea de entrada una pregunta que no solamente tiene que ver con la indianidad de los Muiscas, sino con la indianidad de los otros. Voy a referirme a otro ejemplo de Colombia: en la Sierra Nevada de Santa Marta habitan 4 grupos indígenas. Ahí encontramos a los Kogui, la forma metafórica para identificarlos, es decir que es la gente de mochila y poporo, y los Kankuamo quienes en cambio no hablan su lengua nativa y no utilizan la vestimenta tradicional que usan los otros pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Por estas características se consideraban a los Kankuamo como integrados a la sociedad nacional. Sin embargo, los Kankuamo fueron uno de los pueblos en los cuales desde hace aproximadamente unos 15 años se inició un proceso de reconocimiento como población indígena. Esto relativiza para los Kogui lo que significa ser indígena, finalmente participa de alguna forma de una lectura similar a la de algunos occidentales que allí hay quienes son más indígenas y quienes lo son menos, que depende de que conserven mucho más sus tradiciones culturales, es decir que sean más distintos de la sociedad nacional, y al contrario quienes menos indígenas son, son supuestamente quienes menos tradiciones culturales tienen y exhiben más elementos de la sociedad occidental. Es decir, hay una idea de primitivismo aquí que influye sobre la percepción del otro. Esos elementos, es decir estos rasgos generados de alguna manera por la antropología para distinguir tribus o grupos étnicos, permearon al Estado, pero también permearon a la población indígena. Entonces esta situación produce un proceso de tensión adicionalmente, no solamente de preguntas sobre los rasgos o las características de la indianidad, sino por otra parte produce unos elementos de tensión con respecto a su propia participación dentro de la sociedad nacional. Sin embargo, las organizaciones indígenas más importantes del país acompañaron el proceso y acogieron efectivamente a los Muiscas y a su organización.

¿Cuáles son los logros y los resultados de este proceso?

Hay algunos visibles y otros que están por verse. En primer lugar, yo pienso que el reconocimiento de los Muiscas como pueblos indígenas cambiará nuestra percepción sobre los pueblos indígenas en Colombia. El reconocimiento de los Muiscas introduce el principio que los pueblos indígenas no son sociedades estáticas, sino sociedades en movimiento, y esto abre un compás enorme sobre la comprensión de lo indígena. En segundo lugar, ésto mismo puede producir trasformaciones poderosas en el reconocimiento de los derechos étnicos en el Mundo. La UNESCO en particular, ha propendido por el reconocimiento de una serie de derechos parciales, es decir el derecho al territorio, a una organización política, a una educación propia. Progresivamente se puede producir una transformación sobre el reconocimiento de la diferencia y de la diversidad, de manera que haya la propiedad de ejercer no solamente características propias, sino de pensar su futuro de manera diferente. No hay que pensar solamente en una oposición entre Oriente y Occidente sino en el reconocimiento de distintas alternativas en el mundo. Esta es mi esperanza.

¿Qué importancia tiene este proceso para la identidad cultural colombiana y latinoamericana?

La identidad, que fue una preocupación del siglo XX, que fue la preocupación de la homogeneización, ha caducado. Lo que tenemos en este momento, a diferencia de todas estas argumentaciones de la globalización, de la post-modernidad, es justamente la afluencia de diferencias. El mundo es justamente todo lo contrario de lo que imagina Fukuyama, incluso Giddens, es la afluencia de diversidades y por supuesto de las tensiones entre diversidades. La ideología de la globalización ha pretendido convencernos de que el mundo es aparentemente uniforme por las vías de comunicación, por el mercado, por el consumo. Finalmente, terminó por convencernos de que nosotros eramos individuos aislados. Yo creo todo lo contrario. El mundo es una tensión entre la persistencia de pensar que es uniforme y la respuesta de todas las partes del mundo. Creo que progresivamente este proceso ha producido finalmente comunidades que rechazan esta alienación y que formulan sus alternativas en el campo teórico como los postcoloniales en África, lo que genera comunidades y colectividades de resistencia. Pero te confieso que me parece que este proceso se encuentra a la vanguardia, porque no se trata solamente de resistencia sino de proposición. En los Muiscas no solamente se encuentra aquella posibilidad de identificarse y de resistir en contra, sino por otra parte de proponer, al punto que el Estado no sabe en este momento que hacer, como responder a sus demandas, debe transformar sus categorías, su percepción, sus políticas.

¿Qué aspectos positivos conlleva la discriminación positiva que este proceso presupone?

En general esto es una lucha no solamente por el reconocimiento de los derechos como indígenas, sino al mismo tiempo una lucha por la participación al interior de la sociedad nacional. Ese elemento me parece que es fundamental, es decir el hecho de que otros ejercicios de la política han sido absolutamente ineficaces para lograr la participación social de segmentos de población dentro de un proyecto nacional. Los Muiscas logran reconstituir una serie de relaciones colectivas que les permiten construir un proyecto político colectivo que adicionalmente tiene presencia al interior del país y que descansa en vínculos socioculturales, a diferencia de otro proyectos políticos, como los partidos tradicionales. Esto ha sido un tremendo éxito para estos pueblos y ha sido mucho más sentido por la gente porque apela efectivamente aquellos elementos que lo comunican con el resto del país para constituir este proyecto político. Ése es el elemento a mi juicio más importante que se puede destacar de ahí. Ha habido muchas otras formas orgánicas propuestas a la población indígena desde formas tradicionales de organización al interior de la izquierda, pero ésto en particular tiene un acento realmente distinto.

¿No hay riesgos de crear una fractura en la sociedad colombiana al reconocer derechos particulares?

¡Es posible! Pero, en primer lugar los Muiscas están abiertos. Ellos consideran que sus vecinos campesinos del altiplano son también Muiscas: claro tienen las mismas características. Están abiertos al reconocimiento de gentes distintas dentro de este proyecto social, cultural y político. Por otra parte las mismas organizaciones indígenas tejen alianzas con sectores distintos, campesinos, obreros. O sea están abiertos a un proyecto político más amplio que vincule por supuesto sectores populares. Paradojicamente el proyecto que descansa sobre reivindicaciones específicas tiene un alcance nacional. Vuelvo atrás para decir lo siguiente: en algún momento se interpretó que el proceso de re-etnización fuera marcado por un cierto oportunismo. Incluso sectores indígenas consideraban que había gentes que venían a aprovechar de la lucha que ya el movimiento indígena había realizado. Esto sucedió particularmente con población afrocolombiana. Entonces se veía con cierta aprehensión que los afrocolombianos se reivindicaran como grupos étnicos, es decir que reivindicaran derechos que son reconocidos de manera diferencial en Colombia. ¡No podía ser de otra manera! Estas mismas gentes reclamaron de los Muiscas que exhibieran estos rasgos, este primitivismo con el cual se lee a estas poblaciones. De manera que la tensión ha sido prolongada y yo pienso que no ha sido resuelta del todo. Colegas míos todavía tienen aprehensiones con respecto a la indianidad de los Muiscas. Pero justo, a mi parecer, no se trata solamente de verlos en términos rasgos indígenas, sino de proyecto sociopolítico. Es la posibilidad de reivindicar su propia historia que es la de los campesinos vecinos. Es un poco el reconocimiento y no la dispersión general al interior de una sociedad amorfa, ambigua, centrada en el individuo. Entonces digamos aunque se corre el riesgo también es una posibilidad, sin duda.

¿Hay una relación entre estas reivindicaciones y la elección a presidente de Evo Morales?

Yo pienso que la reivindicaciones de Evo Morales que son genuinas e indígenas tienen que ver con el pasado indígena de Bolivia y por supuesto de América, pero que no dan cuenta de lo que está pasando en el resto de los países del continente. El programa de Evo Morales finalmente es un programa local, lo que no significa que su discurso no pueda crear un eco en América Latina. Esto es lo que pasa con Venezuela donde hay efectivamente un eco de estas reivindicaciones.

¿Este proyecto colombiano puede crear un ejemplo de integración?

Uno de los elementos fundamentales que ha sido desarrollado dentro de los pueblos indígenas de América Latina, es el concepto de diversidad, de multiculturalidad y de interculturalidad. Estos elementos comunes son los que permiten de alguna manera hablar de una indianidad compartida. La articulación entre esos elementos interculturales permite la comunicación entre los pueblos justamente por el hecho de compartir reivindicaciones comunes, pero también por la conciencia de saberse diferentes, de saber que en su cultura son distintos, sus lenguas son distintas, tienen un territorio específico, una cultura específica. Sin embargo ellos comparten condiciones que en América Latina también son comunes: son situaciones de opresión, de dominación, de imposición. Esto le da una dimensión mucho más amplia que la posibilidad meramente del chovinismo, digámolo francamente, es decir de la mera reivindicación de la particularidades específicas de cada uno de los pueblos. Es un proyecto político transnacional que finalmente arranca de un contexto nacional pero que en este momento es un proyecto globalizado. Es más: esta internacionalización es lo que les permite tener fuerza local.